Por Marcelo Torres, Country Manager de Philips Chile.
En oncología, el tiempo tiene un valor diferente. Un diagnóstico oportuno puede ampliar las alternativas de tratamiento y mejorar las perspectivas para el paciente. Por eso, cuando hablamos de listas de espera, no hablamos solamente de eficiencia del sistema: hablamos de personas que esperan respuestas en uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
Las cifras en Chile reflejan la magnitud del desafío. Según datos del Ministerio de Salud (Minsal) y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el cáncer es actualmente la segunda causa de muerte en el país, con más de 28.000 fallecimientos anuales. Esto equivale a cerca de una de cada cuatro defunciones, y distintas proyecciones anticipan que su impacto continuará aumentando durante los próximos años.
Al mismo tiempo, las listas de espera siguen representando uno de los principales desafíos del sistema de salud chileno. Miles de personas aguardan atención por sospecha o confirmación de cáncer en el sistema público, mientras persisten retrasos tanto en las Garantías Explícitas en Salud (GES) como en atenciones oncológicas fuera de este régimen.
Sin embargo, el desafío no está únicamente en la cantidad de pacientes que necesitan atención. También está en cómo avanzan a través del sistema. Desde la sospecha inicial hasta el diagnóstico, la definición del tratamiento y el seguimiento, existen múltiples puntos en los que pueden producirse demoras. La presión sobre la infraestructura, la disponibilidad de profesionales y la fragmentación de la información clínica pueden generar cuellos de botella que prolongan la espera y la incertidumbre de pacientes y familias.
Frente a esta realidad, debemos preguntarnos cómo podemos recuperar tiempo para el cuidado.
No se trata simplemente de hacer lo mismo más rápido. Se trata de repensar cómo utilizamos la tecnología, los datos y los recursos disponibles para apoyar mejores decisiones, simplificar los flujos de trabajo y permitir que los profesionales dediquen más tiempo a lo que realmente importa: cuidar a sus pacientes.
Uno de los puntos críticos es el diagnóstico oportuno. La imagenología avanzada desempeña un papel fundamental al entregar información que puede apoyar diagnósticos precisos y decisiones clínicas informadas. Pero contar con tecnología avanzada por sí sola no es suficiente. Necesitamos avanzar hacia entornos cada vez más conectados, donde los profesionales puedan acceder a la información que necesitan y colaborar de manera más fluida a lo largo del recorrido del paciente.
La inteligencia artificial también puede contribuir de manera importante. Integrada adecuadamente en los flujos de trabajo clínicos, puede ayudar a analizar grandes volúmenes de información, automatizar o acelerar tareas y entregar información relevante para apoyar la toma de decisiones. Su valor no está en reemplazar la experiencia de los profesionales, sino en complementarla, ayudándolos a trabajar de manera más eficiente y a concentrar su tiempo y conocimiento donde generan mayor impacto.
Lo mismo ocurre con la integración de la información. Cuando los sistemas y los datos funcionan de manera aislada, aumenta el riesgo de duplicar procesos, retrasar decisiones y hacer más complejo el seguimiento del paciente. Conectar datos, sistemas y equipos puede facilitar una visión más completa de la información clínica y una mejor coordinación entre las distintas especialidades involucradas.
Esto es particularmente relevante en oncología, donde la atención requiere una mirada multidisciplinaria. Desde la atención primaria, donde puede surgir una primera sospecha, hasta los centros de mayor complejidad, cada etapa debe estar mejor conectada con la siguiente. La colaboración entre profesionales, la coordinación de los procesos y el uso inteligente de la información son esenciales para avanzar hacia una atención más fluida y centrada en las necesidades de cada paciente.
Chile tiene hoy la oportunidad de acelerar esta transformación. La tecnología debe ser entendida como un habilitador, no como un fin en sí mismo. Su verdadero valor está en cómo ayuda a los profesionales a tomar mejores decisiones, optimizar los recursos disponibles y ampliar la capacidad del sistema para atender a más personas.
Pero la transformación no depende únicamente de tecnología o infraestructura. También requiere fortalecer las capacidades de los equipos, impulsar nuevas formas de colaboración y promover una cultura de innovación que mantenga al paciente en el centro de cada decisión.
Reducir las listas de espera en oncología es un desafío complejo que no tiene una única solución. Requiere coordinación entre distintos actores del ecosistema de salud, una visión de largo plazo y la capacidad de integrar innovación, procesos y conocimiento clínico alrededor de un objetivo común.
Porque recuperar tiempo en oncología significa mucho más que mejorar un indicador. Significa reducir la incertidumbre de una persona que espera un diagnóstico, ayudar a un equipo clínico a tomar una decisión con la información adecuada y generar oportunidades para que más pacientes reciban el cuidado que necesitan cuando lo necesitan.
El tiempo que se pierde no puede recuperarse. Pero sí podemos transformar la manera en que lo utilizamos. Y en salud, devolver tiempo al cuidado puede marcar una diferencia real en la vida de las personas.





